Como ocurre en muchas culturas fuera del desierto, aunque el estatus que reciben los árboles como “dadores de vida” puede deberse en parte a la capa de hojas que depositan en el suelo, protegiéndolo y aportándole nutrientes, hay otras razones mucho más profundas. Los árboles gozan a menudo de una vida mucho mas larga que el ser humano. Las culturas antiguas veían generaciones pasar, todas disfrutando la sombra bajo el mismo árbol, que terminaba por recibir el mismo respeto que la gente anciana. La percepción de los árboles como símbolos de inmortalidad podría estar en el inicio de su adoración
[31]. Las acacias fueron “árboles de la vida” en el antiguo Egipto, presentes en leyendas sobre la muerte y el más allá. Estudios sobre poblaciones modernas de
V. tortilis en el hiper-árido desierto oriental de Egipto han medido edades entre 200 y 650 años
[32], y no es descabellado suponer que algunos individuos en tiempos antiguos, y en zonas menos extremas, pudieron haber vivido aún más.
También se ha sugerido una conexión entre los árboles, “una forma de naturaleza que representa la vida y la continuidad sagrada de los mundos espiritual, cósmico y físico”
[33], y la veneración a los ancestros, quizá una de las prácticas religiosas más antiguas. Viendo a los árboles como testigos, mediadores y vínculos con el más allá, las culturas practicantes de politeísmo y veneración a los ancestros podían considerar a todos y cada uno de los árboles de una especie como sagrados. Esto ha sido documentado en pueblos de África Ecuatorial, India, el Tibet, las islas del Pacífico y en las naciones Nativas Americanas, entre otros
[34]. Incluso en la Grecia y Roma antiguas, las arboledas sagradas estaban protegidas por los dioses y había normas estrictas contra cualquier tipo de violación de tales espacios. En las religiones politeístas, árboles y arboledas suelen emplearse como lugares de reunión y vida social. Pero aunque, como observó Shanon, grupos como los beduinos conservan la costumbre de celebrar ritos de juramento bajo grupos de acacias
[35], estas costumbres se vuelven menos frecuentes en religiones formalmente monoteístas a las que, casi sin excepción, precedieron cosmovisiones politeístas y animistas. La transición, normalmente violenta, a una religión monoteísta
revelada cambiará la relación que se mantenía con los árboles y, cómo no, su consideración de sagrados.
Por ello, los cristianos europeos raramente creían en árboles sagrados y fueron responsables del derribo de viejos robles o pinos con importancia religiosa para los pueblos paganos, o de la tala de bosques para su transformación en campos de cultivo
[36]. En numerosos casos, árboles o arboledas sagradas resultaron asimilados mediante la construcción de una iglesia en el lugar, a donde después se transferiría la divinidad, siendo los árboles degradados a simple propiedad clerical. Eran estrategias que intentaron reiniciar la historia cultural del territorio, y que se practicaban sobretodo en lugares de significado ancestral. En Europa, por ejemplo, puede explicarse la relativa abundancia de tejos creciendo junto a una iglesia por su antigua conexión con los ancestros. Cuando los cristianos expropiaban la tierra y reclamaban el monopolio sobre todas las relaciones con los muertos (incluyendo sus ritos y los lugares para su entierro), también se aseguraban de que los árboles sagrados vinculados a los muertos quedaran bajo su posesión, y que desde entonces se los vinculara, a lo sumo, con santos u otros personajes sagrados. Cabe destacar cómo, cuando los árboles se convierten en propiedad, nuestra relación con ellos pasa a ser de un tipo principalmente instrumental, lo que también puede ocurrir cuando la razón por la que consideramos sagrado a un árbol es porque tiene propiedades psicoactivas.
Un proceso muy parecido ocurrió con la adquisición de tierras por parte del Islam, que se refiere a la Arabia pre-Islámica como Jahiliyya —que significa literalmente edad de ignorancia, o de barbarie. En su mayoría, el Islam dejó poco margen para que los árboles pudieran seguir siendo sagrados. En relación a nuestras acacias, la historia de al-‘Uzzā resulta un ejemplo perfecto.
Para los antiguos árabes, al-‘Uzzā (un epíteto femenino que significa “la más poderosa”)
[37] era una de las tres hijas de Alá. Una deidad planetaria que representaba a Venus, el lucero de la mañana, y también diosa del poder y del amor —lo que parece asociarla estrechamente a la mesopotámica Inanna-Ishtar, y posteriormente a Afrodita. Pruebas encontradas recientemente sugieren que ya se la adoraba en la Edad del Bronce Tardío
[38]. Al-‘Uzzā era muy popular en la Arabia pre-islámica, pero también estaba presente en Petra (en la actual Jordania) y posiblemente en la península del Sinaí
[39]; su árbol no era otro que la acacia.
El santuario más importante de al-‘Uzzā en Arabia, en el que se creía que la misma diosa solía manifestarse, era un grupo de tres acacias en Nakhlat ash-Shamiyyah, al este de la ciudad de Makkah (Meca) donde se la quería mucho. Con la llegada del Islam, la erradicación de divinidades previas, incluyendo sus lugares sagrados, tenía la más alta prioridad:
Cuando el Profeta capturó la Meca, mandó a Khalid ibn-al-Walid diciéndole, ‘Ve al valle de Nakhlah; encontrarás allí tres árboles. Tala el primero.’ Khalid fue y lo taló. Tras su regreso, el Profeta le preguntó, ‘¿Has visto algo allí?’ Khalid respondió y dijo, ‘No.’ El Profeta le ordenó entonces volver y talar el segundo árbol. Él se fue y lo taló. Cuando volvió, el Profeta le preguntó por segunda vez, ‘¿Has visto algo allí?’ Khalid respondió, ‘No.’ Enseguida el Profeta le ordenó regresar y talar el tercer árbol. Cuando Khalid llegó al lugar se encontró con una mujer abisinia de pelo enmarañado, crujiendo y rechinando los dientes. Tras ella estaba Dubayyah al-Sulami quien era entonces el custodio de al-‘Uzzā (…) [Khalid] asestó a la mujer un golpe que le partió la cabeza en dos, y he aquí que se desintegró en cenizas. A continuación taló el último árbol y mató a Dubayyah el custodio, tras lo cual regresó al Profeta y le informó de su hazaña. Entonces, el Profeta dijo, ‘Esa era al-‘Uzzā. Pero ahora ya no existe. Los árabes no tendrán a ninguna más después de ella. En verdad, nunca más volverá a ser adorada.’
[40]
El pasaje no necesita comentarios, y ejemplifica el procedimiento. Junto a ídolos y guardianes, los árboles y arboledas sagradas de santuarios previos eran quemados o talados, y a otros se los asimilaba con el tiempo, a menudo gracias a la mediación de algún hombre santo que, ya fuera en realidad o ficción, había dejado su huella (o mejor aún, su tumba) en las raíces y así permitía al árbol seguir siendo venerado. Cuanto más santo era el hombre, más santo sería el árbol
[41], aunque algunos estudiosos del Islam han dejaron claro que era ya imposible para un árbol ser sagrado
[42]. Aún así, las escrituras dicen que deben plantarse árboles y protegerlos; aunque sea solo por los beneficios que aportan a los fieles, son bendecidos. Y algunas ramas del Islam, especialmente el Sufismo, han reinterpretado en clave esotérica (y así, conservado) algunas tradiciones pre-islámicas sobre árboles sagrados, bajo su visión de la naturaleza como un reflejo de la divinidad; no un recurso que explotar, sino un espejo de Dios. Una perspectiva que nos resulta más fácil compartir.
Finalmente, y por lo que respecta al Judaísmo, especialmente después del Éxodo, las escrituras tampoco dejan margen para que se adore a árboles sagrados —por sus propiedades psicoactivas o por otra razón. “Plantar tales arboledas está prohibido, igual que las
ašerah, postes o árboles sagrados”
[43]. Y el tratamiento que los israelitas deben aplicar a santuarios rivales previos, no fuera que les recordaran a otras herencias y lealtades, es severo:
Destruiréis enteramente todos los lugares donde las naciones que vosotros heredaréis sirvieron a sus dioses, sobre los montes altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol frondoso. Derribaréis sus altares, y quebraréis sus estatuas, y sus imágenes de Asera [árboles y arboledas, anteriormente] consumiréis con fuego; y destruiréis las esculturas de sus dioses, y raeréis su nombre de aquel lugar.
[44]
Por supuesto no se trata de un acto de guerra contra los árboles; más bien de su sumisión, junto con la de tantas otras cosas, a una doctrina tribal que desbanca a la naturaleza, a la que ya no se ve como una fuente de divinidad sino como propiedad de Dios dada en usufructo, un dividendo pagado a los accionistas fieles. Una visión diametralmente alejada de la cosmovisión amazónica, y que no encajaría muy bien en el entendimiento de cualquier persona sana con firme dedicación a los preparados con plantas enteogénicas.
A pesar de que, dos milenios más tarde, sigue sin haber registro de árboles sagrados en el Levante
[45], algunos árboles (aunque no acacias) asociados a ermitas, tumbas y otros lugares importantes se han convertido en sitios de veneración compartidos por judíos, musulmanes, drusos y cristianos. Quizá los nuevos retos y preocupaciones sobre el medio ambiente puedan evocar, algún día, puntos en común mucho más antiguos (y tal vez más importantes) que los patriarcas y profetas compartidos, y motivar prácticas más cercanas a una religión
natural. Esta forma de expresarlo, sin embargo, sugiere que aún nos queda mucho trabajo por hacer.
En nuestra cultura, la ayahuasca quizá sea como el proverbial dedo que señala la luna, y una lección crítica que podemos aprender gracias a ella se encuentra, más que en su farmacología, en sus custodios. Entre los Tukano, el pueblo del noroeste de Brasil que acogió por primera vez a un botánico europeo para que asistiera a una ceremonia de ayahuasca, no existe una palabra para “natural”. Ocurre lo mismo en varios otros idiomas de la Amazonía. La cosmovisión indígena del Amazonas carece de un concepto para algo llamado “naturaleza” como dominio aparte de la cultura humana. Nos explican que usar una palabra como “naturaleza” crea una falsa división entre los seres humanos y el medio ambiente. Reconocer esta falsa división podría darnos una respuesta a la pregunta de qué es sagrado. Tal vez la solución no se encuentra en reflexionar y decidir qué merece ser considerado sagrado y por qué, sino en aceptar que la acacia es sagrada porque todo lo es.
Los árboles y demás plantas, las estrellas y el ganado eran los materiales que formaban el pensamiento pre-islámico. [Se ha] mostrado que la vida en la antigüedad era más profunda de lo que nuestra pluma ha descrito hasta ahora. Ningún estudio ha hecho aún justicia a este legado, que sigue enterrado en la arena.
[46]
Agradecimientos
Quiero dar las gracias especialmente a Rafael Sacramento, por su concienzuda revisión de artículos académicos recientes sobre la fitoquímica de las acacias de África y el Medio Oriente. Su informe aportó consideraciones esenciales (y a veces, literales) al presente artículo, y sobre todo me permitió asegurarme de que algunas conclusiones son consistentes con la investigación disponible.
Gracias también a Keeper Trout (https://troutsnotes.com) por compartir amablemente una copia de Wahba Khalil & Elkheir 1975, y en general por su extraordinario trabajo investigando, recopilando y publicando información sobre las fuentes botánicas de compuestos psiquedélicos. Sus libros, disponibles de forma gratuita, siguen siendo una fuente de referencia sin igual.
También quiero agradecer a Andrew Dunn la interesante conversación que mantuvimos sobre Peganum harmala y la hipótesis sobre triptaminas en el Medio Oriente, y que al cabo motivó el presente artículo.
Referencias
1. Kyalangalilwa, Bruce & Boatwright, James & Daru, Barnabas & Maurin, Olivier & Bank, Michelle. (2013). «Phylogenetic position and revised classification of Acacia s.l. (Fabaceae: Mimosoideae) in Africa, including new combinations in Vachellia and Senegalia: Reclassification of African Acacia Species». Botanical Journal of the Linnean Society. 172. 500-523. 10.1111/boj.12047.
2. Shanon, Benny (2008). «Biblical Entheogens: A Speculative Hypothesis». Time and Mind: The Journal of Archaeology, Consciousness and Culture. Vol. I, Issue I, March 2008. 51-74
3. Luna, Luis Eduardo. «Vegetalismo. Shamanism among the mestizo population of the Peruvian Amazon». Doctoral dissertation, Universitat of Stockholm, June 1986.
4. Samorini, Giorgio (2019). «Fake News About Ayahuasca’s Archaeological Antiquity». In https://chacruna.net/fake-news-about-ayahuascas-archeological-antiquity/
5. https://ayahuasca-timeline.kahpi.net/
6. Por el químico alemán Julius Fritzsche in 1847.
7. Fitzgerald J, Sioumis A. (1965) «Alkaloids of the Australian Leguminosae. V. The occurrence of methylated tryptamines in Acacia maidenii F. Muell.» Australian Journal of Chemistry 18, 433–434.
8. Shanon 2008, 55
9. Shanon, Benny. The Antipodes of the Mind: Charting the Phenomenology of the Ayahuasca Experience. Oxford University Press, NY, 2002
10. Shanon 2008, 55
11. Ibid. 51
12. Ibid. 64-65
13. https://powo.science.kew.org/taxon/urn:lsid:ipni.org:names:60451308-2
14. Shanon menciona, en la p.58, que encontró una población de harmal cerca de las cuevas de Qumran, conocidas por el descubrimiento de los manuscritos más antiguos de la Biblia hebrea, lo que le pareció una coincidencia «muy poderosa»; cabe mencionar, sin embargo, que se ha llegado a utilizar a P. harmala como «marcador» a la hora de decidir lugares prometedores para excavaciones arqueológicas, ya que la planta gusta de crecer cerca de asentamientos humanos, probablemente debido a los depósitos de fosfatos acumulados tras muchas generaciones de ganado, especialmente ovejas y cabras.
15. La cita proviene de Shulgin, Alexander & Shulgin, Ann. TiHKAL, The Continuation. Transform Press, Berkeley, CA 1997. p.265. Existe una traducción española publicada por la Editorial Manuscritos en 2015, p.317-318, pero curiosamente en este párrafo la traducción contiene erratas, por lo que aunque sigo en parte dicha traducción, me baso en el original en inglés.
16. NMT se refiere, como hemos mencionado, a la N-metiltriptamina, que difiere de la DMT (N,N-dimetiltriptamina) en solo un grupo metilo en el nitrógeno. T es triptamina, derivado directo del aminoácido triptófano, y a su vez precursor metabólico de NMT y DMT. La presencia de T puede ser significativa en la búsqueda de ambas.
17. Shulgin, Alexander y Shulgin, Ann. TIHKAL. La Continuación. Editorial Manuscritos, 2015. p. 318
18. Wahba Khalil SK, Elkheir YM. «Dimethyltryptamine from the leaves of certain Acacia species of northern Sudan». Lloydia. 1975 Mar-Apr;38(2):176-7. PMID: 1055855.
19. Ibid. 177
20. A los 1,5 kg de hojas, deberíamos añadir una dosis suficiente de un inhibidor de la MAO como la harmina o la harmalina. Pero con cantidades tan grandes de materia vegetal, los aspectos prácticos de la elaboración no serían el único problema, ya que compuestos potencialmente tóxicos en la planta como glicósidos cianogénicos pasarían también al preparado si no se realizara una extracción o purificación previa.
21. Sadgrove, Nicholas J. «Rumors of Psychedelics, Psychotropics and Related Derivatives in Vachellia and Senegalia in Contrast with Verified Records in Australian Acacia.» Plants (Basel). 2022 Dec 2;11(23):3356. doi: 10.3390/plants11233356. PMID: 36501395
22. Sadgrove, Nicholas & Wyk, Ben-Erik. (2025). «A survey of tryptamines in southern African Senegalia and Vachellia reveals N,N-dimethyltryptamine in Senegalia ataxacantha«. Biochemical Systematics and Ecology. 121. 104993. 10.1016/j.bse.2025.104993.
23. Dafni, Amots. «On the typology and the worship status of sacred trees with a special reference to the Middle East». J Ethnobiology Ethnomedicine 2, 26 (2006). p2. https://doi.org/10.1186/1746-4269-2-26
24. Ibid. p4
25. Dafni, Amots. «The supernatural characters and powers of sacred trees in the Holy Land». Journal of ethnobiology and ethnomedicine. 3. 10 (2007) 10.1186/1746-4269-3-10.
26. Shanon, 65
27. Homan, M. M. 2002. To your Tents, O Israel! The Terminology, Function, Form, and Symbolism of Tents in the Hebrew Bible and the Ancient Near East. Leiden:Brill.
28. Musselman, Lytton John. Figs, Dates, Laurel, and Myrrh: Plants of the Bible and the Quran. Timber Press, 2007. 40
29. Munzbergova, Zuzana & Ward, David. «Acacia trees as keystone species in Negev desert ecosystems». Journal of Vegetation Science 13: 227-236, 2002
30. Khan ML, Khunbongmayum AD, Tripathi RS. «The Sacred Groves and Their Significance in Conserving Biodiversity: An Overview». International Journal of Ecology and Environmental Sciences 34 (3): 277-291, 2008. National Institute of Ecology, New Delhi
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33. Frese PR, Gray SJM: The Encyclopaedia of Religion: Trees. Edited by: Eliade M. 1995, New York, USA, Simon and Schuster and Macmillan, 15: 26-33.
34. Dafni 2006
35. Shanon, 66
36. https://arboriculture.wordpress.com/2016/10/09/christianity-religion-trees/
37. Healey, John F. The Religion of the Nabataeans, A Conspectus. Brill, The Netherlands, 2001. 114
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39. Healey, 116
40. Healey, 118-119
41. Dafni 2006
42. Dafni, Amots. (2011). «On the Present-day Veneration of Sacred Trees in the Holy Land». Folklore: Electronic Journal of Folklore. 48. 7-30. 10.7592/FEJF2011.48.dafni.
43. Grey, Peter. Lucifer: Princeps. Scarlet Imprint, London 2025. 50
44. Deuteronomio 12:2-3. Versión Reina Valera 1960. La acotación es mía. En traducciones más recientes de la Biblia se ha optado por hablar de «imágenes de Asera» (ašerah) en lugar del término habitual en las traducciones más populares como la de King James, que se refiere a groves, bosquecillos o arboledas, probablemente porque la destrucción de arboledas casa cada vez menos con lo aceptable en nuestro tiempo.
45. Dafni, A. «Rituals, ceremonies and customs related to sacred trees with a special reference to the Middle East». J Ethnobiology Ethnomedicine 3, 28 (2007). https://doi.org/10.1186/1746-4269-3-28
46. Masarwah, Nader. «Religious Beliefs in Pre-Islamic Poetry». Sociology Study ISSN 2159-5526. July 2013, Volume 3, Number 7, 531-542
Si no se indica lo contrario, todas las traducciones al español son del autor.