Aristófanes, Caballeros, 890
Durante siglos, en las monedas acuñadas en la colonia griega más importante de África, la protagonista era una planta.
Esta planta, a la que llamaban Silphion, no solo era la fuente de una de las especias más apreciadas en la cocina griega clásica (y después, en la romana). Sus múltiples aplicaciones medicinales la convirtieron en poco menos que una panacea, una planta curalotodo que pudo haber sido usada, se ha sugerido, incluso como afrodisíaco y anticonceptivo.
Era objeto de dichos populares, aparecía en obras de teatro, fue almacenada por Julio César en su tesorería, y hablaron de ella autores clásicos como Hipócrates, Herodoto, Dioscórides o Teofrasto. Según Plinio, el Silphion era «famosísimo por su prestigio (…) importante para su uso diario o como medicina, y se vende por su peso en plata.» [1]
Sin embargo, el Silphion (o el Silphium, si preferimos la pronunciación romana) también se distingue por ser el primer caso registrado de una especie a la que la influencia humana llevó a la extinción. Las crónicas nos cuentan que, en el primer siglo de nuestra era, no podía ya encontrarse ni una sola planta de Silphion en Cirenaica, la provincia al noreste de Libia donde crecía, y que prosperó junto a ella. Tras siglos de su comercio a precios elevados en mercados griegos y romanos, el extraordinario Silphion, «considerado uno de los regalos más preciados que nos ha dado la Naturaleza» [2], aparentemente desapareció. Y tras casi dos mil años, seguimos intentando averiguar su identidad botánica, el motivo de su desaparición, e incluso si realmente se desvaneció por completo o no.
El Silphion tiene una raíz muy gruesa; el tallo tiene el tamaño del de la ferula, y casi su mismo grosor; la hoja, a la que llaman maspeton, es como la del apio. Tiene un fruto ancho, con forma de hoja, al que llaman phyllon. El tallo solo dura un año, como el de la ferula. En primavera produce este maspeton, que purga a las ovejas y las engorda bien, y da a su carne un maravilloso sabor; después produce un tallo, que según dicen se puede comer de todas maneras, hervido o asado, y que también, cuentan, purga el cuerpo en cuarenta días. [8]
Las representaciones y descripción del Silphion encajan con el género Ferula, en la familia de las Apiáceas (antiguamente Umbelíferas). El Silphion era pues pariente del hinojo, el apio y la angélica, entre otras. Todas las partes de la planta se cosechaban y usaban, incluyendo tallo, semillas y raíz. Y aunque tallo y hojas se disfrutaban como hortaliza, el mayor tesoro del Silphion era su savia, un jugo de intenso sabor [9] que se obtenía sangrando la planta cerca de su cuello —donde raíz y tallo se funden, en la base— y dejándolo secar hasta que se podía recolectar como resina. Los romanos, que más tarde llevarían al Silphium a nuevas cotas como manjar y mercancía, usaban distintos nombres para prácticamente cada parte de la planta [10], y llamaban a esta resina laserpitium [11], o simplemente laser. Este laser debía contener todo el sabor y las propiedades del Silphion. El hecho de que el método para obtenerlo, probablemente durante la floración, pudiera resultar en la muerte de la planta antes de que produjera semillas era un inconveniente; el hecho de que al parecer el Silphion no se dejaba cultivar era otro aún mayor.
Comida, medicina y sexo
Como condimento, el Silphion era un ingrediente favorito en la cocina de la antigüedad clásica, en platos griegos y romanos como el Repollo a la Ateniense o el Pollo al modo de Partia. Gozaba de un extendido uso como digestivo, aunque abusar de él causaba lo que Galeno llamó arida cholera [13], que conocemos mejor como flatulencia [14]. Sobre su sabor suponemos que, curiosamente, debía de ser similar al ajo. La especia que al parecer sustituyó al Silphion a medida que el producto de Cirene escaseaba fue la asafétida (Ferula asa-foetida), cuya resina seca, utilizada en la cocina india —e ingrediente clave en la salsa Worcestershire— ofrece un espectro de compuestos sulfurosos. Las fuentes de la época consideraban a la asafétida inferior al Silphion, pero aún así heredó el nombre y la llamaban Silphion Sirio, o Médico (Persa). La diferencia entre el aroma del Silphion de Cirene (elogiado como extremadamente agradable) y el de la resina de asafétida (a la que han llamado «el estiércol del diablo») es algo sobre lo que solamente podemos especular. Dioscórides escribió que tanto Silphion Sirio como Médico eran no solo menos potentes, sino que también desprendían «un aroma más tóxico». [15]
Si consultamos las fuentes más importantes de la antigüedad, la fama del Silphion como planta con la que se podía tratar casi cualquier cosa no parece algo tan exagerado. Hipócrates, padre griego de la medicina, le atribuye en sus estudios —especialmente en forma de savia— utilidad para tratar por ejemplo afecciones de los pulmones y los costados, edemas, enfermedades del hígado, tifus, fiebre cuartana (una forma de malaria), inmovilidad de los intestinos o problemas en el recto. Más adelante, Dioscórides incluye un informe sobre el Silphion en De Materia Medica, recomendando también su uso para curar magulladuras, úlceras, mordiscos y heridas emponzoñadas o infectadas, para expulsar parásitos, y diluido como enjuague bucal o para hacer gárgaras. Incluso Galeno, el médico más famoso del imperio romano, se refirió a las «extraordinarias propiedades» del Silphion y lo incluyó por su parte también en preparados para tratar la ciática y dolores de diafragma, dientes y oído [16]. En la cantidad adecuada, aconsejó su uso en caso de cólicos e irritación del tracto digestivo. La mayoría de las aplicaciones médicas del Silphion documentadas en la antigüedad clásica usaban la resina con moderación, a menudo la cantidad equivalente a un guisante o una haba. [17]
La desaparición
Con el tiempo, el Silphion cirenaico comenzó a escasear. Y a medida que la demanda superaba la oferta, productos sustitutos fueron ocupando progresivamente su lugar en el mercado. Plinio, en su Historia Natural (publicada alrededor del 77-79 EC), escribe:
Algunos textos recientes añaden que Nerón se la comió, algo que, que yo sepa, no nos contó nadie, pero le da a la historia aún más encanto. Hay algo memético en la imagen de un emperador decadente y cruel devorando el último vestigio de un tesoro natural. Quizá Nerón se lo podría comer para justo después coger la lira y tumbarse a ver arder Roma, si queremos que el cuento sea aún más memorable. El hecho es que Plinio no siempre era exigente con sus fuentes, así que puede que oyera esa pequeña fábula de Nerón y la última planta de Silphion en alguna parte y la adoptara como alegoría.
El nombre
De modo que el Silphion de Cirene aparentemente desapareció, pero no su nombre. Otras plantas, como la mencionada Ferula asa-foetida, lo heredaron. Y otras seguirían. Durante la Antigüedad tardía y la Edad Media europeas, nuestra percepción del orden natural no dejaba mucho espacio para que una planta simplemente desapareciera; el concepto neoplatónico de la Gran Cadena del Ser, la división de toda la vida y la materia, era considerado por los cristianos durante la Edad Media como un orden absoluto decretado por Dios. Se estableció una jerarquía clara: rocas, plantas, animales, hombres, ángeles y Dios, en este orden preciso. La creación era estable y continua, y no podían aparecer o desaparecer partes de la naturaleza, sin más. Al menos esa era la teoría, o el dogma metafísico. Por supuesto, esto invitaba a los estudiosos a buscar al «silphion» en otros lugares, y así ocurrió. No solo en Siria o Persia: plantas en lugares tan lejanos como Alemania, Italia o Francia se llamaron silphion, o su resina laserpitium.
Desde una perspectiva botánica, ha habido múltiples intentos de identificar alguna especie moderna existente como el Silphion cirenaico. Se ha sugerido a varios miembros de la familia de las Apiáceas, pertenecientes principalmente a los géneros Ferula y Thapsia, como por ejemplo Ferula tingitana, una especie relativamente rara que todavía se puede encontrar en la región de Libia donde crecía el Silphion. Sin embargo, ninguna coincide de forma satisfactoria. Los intentos de identificar una especie actual como el Silphion de Cirene han fracasado, o al menos no han sido concluyentes.
Recientemente hemos asistido a un nuevo y notable episodio en la historia del nombre del Silphion. Mahmud Minski, del Departamento de Farmacognosia de la Universidad de Estambul, publicó un estudio experimental en el que proponía a Ferula drudeana, una especie endémica de lugares cercanos a antiguos pueblos griegos en Anatolia (la actual Turquía), como candidata a la identidad del Silphion perdido, o al menos como su pariente cercana. En sus conclusiones, sugiere que
Los análisis y experimentos indicaron que F. drudeana es una planta gratamente aromática, rica en compuestos medicinales, que también puede utilizarse como condimento y que, obviamente, pertenece a la misma familia que el Silphion cirenaico. La historia llegó incluso a la revista National Geographic [25]. Lamentablemente, no tenemos permiso para reproducir las bonitas imágenes de la planta que incluye su artículo, pero ahí es donde parece haber una discrepancia en la identidad. La descripción botánica que dejó Teofrasto describe las hojas del Silphion como «parecidas al apio». Seguramente no soy el primero en hacer esta observación, pero las hojas de F. drudeana no se parecen mucho al apio. Tampoco sus semillas tienen la icónica forma de hoja/corazón que hemos visto. Ferula drudeana es una planta muy interesante que merece atención y esfuerzos de conservación, y sin duda también es un pariente más o menos cercano del Silphion cirenaico. Pero sea cual sea su parentesco, este «silphion redescubierto» (como lo saludaron algunas fuentes) y el Silphion de Battos no son lo mismo.
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