El nombre del Silphion

Gold coin from Kyrene featuring a Silphion plant
«¿Te acuerdas de cuando el silphion estaba tan barato?»
Aristófanes, Caballeros, 890

Durante siglos, en las monedas acuñadas en la colonia griega más importante de África, la protagonista era una planta.

Esta planta, a la que llamaban Silphion, no solo era la fuente de una de las especias más apreciadas en la cocina griega clásica (y después, en la romana). Sus múltiples aplicaciones medicinales la convirtieron en poco menos que una panacea, una planta curalotodo que pudo haber sido usada, se ha sugerido, incluso como afrodisíaco y anticonceptivo. Era objeto de dichos populares, aparecía en obras de teatro, fue almacenada por Julio César en su tesorería, y hablaron de ella autores clásicos como Hipócrates, Herodoto, Dioscórides o Teofrasto. Según Plinio, el Silphion era «famosísimo por su prestigio (…) importante para su uso diario o como medicina, y se vende por su peso en plata.» [1]

Sin embargo, el Silphion (o el Silphium, si preferimos la pronunciación romana) también se distingue por ser el primer caso registrado de una especie a la que la influencia humana llevó a la extinción. Las crónicas nos cuentan que, en el primer siglo de nuestra era, no podía ya encontrarse ni una sola planta de Silphion en Cirenaica, la provincia al noreste de Libia donde crecía, y que prosperó junto a ella. Tras siglos de su comercio a precios elevados en mercados griegos y romanos, el extraordinario Silphion, «considerado uno de los regalos más preciados que nos ha dado la Naturaleza» [2], aparentemente desapareció. Y tras casi dos mil años, seguimos intentando averiguar su identidad botánica, el motivo de su desaparición, e incluso si realmente se desvaneció por completo o no.

La historia de cómo la planta que llamaban Silphion se convirtió en un artículo tan valioso en la Antigüedad Clásica empieza en la isla griega de Thera —que conocemos hoy coloquialmente como Santorini— en el año 639 AEC.
Tras años de sequía, hambruna y conflicto civil en su tierra, un grupo de theranos liderado por su rey emprende un viaje al continente, hacia Delfos, en busca de ayuda. Allí, el dios Apolo (una enorme influencia en guerras, cambios políticos, colonizaciones y otros episodios clave en la Grecia antigua) ofrece guía y profecías a través de su portavoz, la pitia, sacerdotisa del templo de Apolo y conocida como Oráculo de Delfos. Cuando el rey de Thera le pide consejo para poner fin a sus infortunios, el dictamen de Apolo es desconcertante, pero claro: deben ir a Libia y fundar allí una ciudad.
El rey, ya anciano y además agotado por el viaje a Delfos, asigna la tarea a Aristeo, uno de sus hombres de confianza. Solamente hay un problema: ninguno de ellos tiene la menor idea de dónde está Libia.
Todas las pesquisas, largas expediciones por mar, desventuras, idas y venidas e incluso nuevas consultas al oráculo que seguirán (quizá pidiendo más detalles, o una segunda opinión) resultan un relato fascinante, y si obviamos la angustia de los theranos, también bastante divertido. Pero se lo dejaremos a los libros de historia. Para resumir, tras desembarcar por fin en Libia e intentar instalarse en varios lugares de la costa africana con poco éxito, los griegos entablan amistad con los lugareños, quienes un buen día les llevan al enclave ideal. Cerca de un manantial que, como era de esperar, se consagra inmediatamente a Apolo, Aristeo funda Cirene el año 630 AEC, casi una década después de que el dios se hubiera pronunciado.
Colonizaci'on griega al final del periodo Arcaico
Aristeo pasaría a la historia como Battos I de Cirene, el primer rey griego en África, un líder moderado y respetado que fundó la dinastía Batíada, que gobernó Cirene durante ocho generaciones. Durante el siglo sexto AEC, Cirene creció como la ciudad más poderosa de la región gracias a la elevada inmigración y a un entorno generoso, excepcionalmente fértil comparado con el resto del territorio libio. Cirene exportaba trigo y lana, y los caballos criados en la región eran fuertes y sanos. Podrían haberse convertido en el símbolo de la colonia de no haber aparecido el Silphion.
Disponemos de un relato de su aparición gracias a Teofrasto (371-287 AEC), que habló del Silphion (σίλφιον) largo y tendido. Llamado «padre de la botánica» y sucesor de Aristóteles, cuando nació la planta había sido conocida y exportada desde la provincia Cirenaica durante más de doscientos años. Y efectivamente, en su tratado Historia de las Plantas se refiere al Silphion como una especie que, a diferencia de muchas otras en su obra, no necesita presentación. Sobre su aparición, fechada por cronistas romanos el año 617 AEC [3], Teofrasto nos dice que
en algunos lugares cuentan que tras la lluvia se ha visto brotar una gran diversidad de vegetación; por ejemplo, en Cirene, tras caer un chaparrón oscuro: pues fue en tales circunstancias que brotó el bosque cercano a la ciudad, que hasta el momento no existía. Dicen también que el silphion apareció por una causa así, donde antes no lo había. [4]
Algunos han querido ver en este relato la misteriosa y súbita aparición de una planta de leyenda. Un regalo de los dioses. De Apolo, dirían los antiguos griegos, y con derecho. Pero influencias divinas al margen, sabemos que los colonos tienden a adjudicarse el descubrimiento de cosas que con las que los indígenas han convivido durante generaciones, y creemos que este fue el caso del Silphion. Su mismo nombre así lo indica. Distintos análisis sugieren que la palabra Silphion tiene orígenes africanos (bereberes), semitas, o incluso en el antiguo Egipto —no raíces indoeuropeas.[5]
Pero incluso sin recurrir a la etimología, lo que sabemos sobre ciclos y propagación de las plantas ya revela que lo que hizo el «chaparrón oscuro» al que se refiere Teofrasto fue despertar semillas (o raíces) latentes en el microclima de la región, de modo que la especie proliferó hasta llamar la atención de los colonos.
[El Silphion] crecía abundantemente en la región del país conocida como silphiofera, cerca del Golfo de Syrtis. Allí, donde las mesetas a lo largo de la costa mediterránea se alzan escalonadas y reciben considerablemente más precipitaciones que los desiertos al sur, el Silphion prosperaba en prados boscosos y montañosos. [6]
Las primeras monedas acuñadas en Cirene, hacia el 560 AEC, ya llevaban en el anverso un relieve de la planta del Silphion, que siguió apareciendo en la mayoría de las monedas emitidas en la ciudad. Se popularizó la expresión de que algo podía ser tan valioso «como el Silphion de Battos». [7]
El rey Arcesilas de Cirene supervisando el embalaje de lo que podría ser Silphion en un barco para su exportación. Gouache a partir de una vasija espartana, c. 580-550 AEC. (Wellcome Collection, UK)
Monedas de Cirene (siglos 6º a 3º AEC) representando al Silphion. Nótese el animal pastando en la planta (1) que remite a los informes de que al ganado, especialmente a las ovejas, les gustaba mucho el Silphion. Varias monedas (ejemplos en 4 y 5) representaban al fruto o semilla. El hecho de que fuera tan icónico es digno de mención.
Además de sus imágenes en las monedas, la mejor descripción de la planta nos la dejó Teofrasto:

El Silphion tiene una raíz muy gruesa; el tallo tiene el tamaño del de la ferula, y casi su mismo grosor; la hoja, a la que llaman maspeton, es como la del apio. Tiene un fruto ancho, con forma de hoja, al que llaman phyllon. El tallo solo dura un año, como el de la ferula. En primavera produce este maspeton, que purga a las ovejas y las engorda bien, y da a su carne un maravilloso sabor; después produce un tallo, que según dicen se puede comer de todas maneras, hervido o asado, y que también, cuentan, purga el cuerpo en cuarenta días. [8]

Las representaciones y descripción del Silphion encajan con el género Ferula, en la familia de las Apiáceas (antiguamente Umbelíferas). El Silphion era pues pariente del hinojo, el apio y la angélica, entre otras. Todas las partes de la planta se cosechaban y usaban, incluyendo tallo, semillas y raíz. Y aunque tallo y hojas se disfrutaban como hortaliza, el mayor tesoro del Silphion era su savia, un jugo de intenso sabor [9] que se obtenía sangrando la planta cerca de su cuello —donde raíz y tallo se funden, en la base— y dejándolo secar hasta que se podía recolectar como resina. Los romanos, que más tarde llevarían al Silphium a nuevas cotas como manjar y mercancía, usaban distintos nombres para prácticamente cada parte de la planta [10], y llamaban a esta resina laserpitium [11], o simplemente laser. Este laser debía contener todo el sabor y las propiedades del Silphion. El hecho de que el método para obtenerlo, probablemente durante la floración, pudiera resultar en la muerte de la planta antes de que produjera semillas era un inconveniente; el hecho de que al parecer el Silphion no se dejaba cultivar era otro aún mayor.

Teofrasto, de nuevo la fuente más directa de que disponemos para los aspectos botánicos de la historia, nos dice que el Silphion evitaba el terreno de cultivo y que múltiples intentos de cultivarlo en otros lugares habían fallado [12]. La planta era por ello aún más valiosa, y estaba más estrechamente conectada a Cirene. Pero ante todo, si el Silphion era tan preciado es porque sedujo a la gente con su fragancia y sus muchas aplicaciones.

Comida, medicina y sexo

Como condimento, el Silphion era un ingrediente favorito en la cocina de la antigüedad clásica, en platos griegos y romanos como el Repollo a la Ateniense o el Pollo al modo de Partia. Gozaba de un extendido uso como digestivo, aunque abusar de él causaba lo que Galeno llamó arida cholera [13], que conocemos mejor como flatulencia [14]. Sobre su sabor suponemos que, curiosamente, debía de ser similar al ajo. La especia que al parecer sustituyó al Silphion a medida que el producto de Cirene escaseaba fue la asafétida (Ferula asa-foetida), cuya resina seca, utilizada en la cocina india —e ingrediente clave en la salsa Worcestershire— ofrece un espectro de compuestos sulfurosos. Las fuentes de la época consideraban a la asafétida inferior al Silphion, pero aún así heredó el nombre y la llamaban Silphion Sirio, o Médico (Persa). La diferencia entre el aroma del Silphion de Cirene (elogiado como extremadamente agradable) y el de la resina de asafétida (a la que han llamado «el estiércol del diablo») es algo sobre lo que solamente podemos especular. Dioscórides escribió que tanto Silphion Sirio como Médico eran no solo menos potentes, sino que también desprendían «un aroma más tóxico». [15]

Pero es bastante probable que el éxito de la planta se debiera más a sus virtudes medicinales que a las culinarias. Sea como sea, somos más propensos a establecer esa distinción que los antiguos griegos, para los que no había una clara línea divisoria entre comida y medicina, y que entendían que ambas formaban parte de un continuo fluido —una flexibilidad que, quizá, también alcanzó al mismo nombre del Silphion.

Si consultamos las fuentes más importantes de la antigüedad, la fama del Silphion como planta con la que se podía tratar casi cualquier cosa no parece algo tan exagerado. Hipócrates, padre griego de la medicina, le atribuye en sus estudios —especialmente en forma de savia— utilidad para tratar por ejemplo afecciones de los pulmones y los costados, edemas, enfermedades del hígado, tifus, fiebre cuartana (una forma de malaria), inmovilidad de los intestinos o problemas en el recto. Más adelante, Dioscórides incluye un informe sobre el Silphion en De Materia Medica, recomendando también su uso para curar magulladuras, úlceras, mordiscos y heridas emponzoñadas o infectadas, para expulsar parásitos, y diluido como enjuague bucal o para hacer gárgaras. Incluso Galeno, el médico más famoso del imperio romano, se refirió a las «extraordinarias propiedades» del Silphion y lo incluyó por su parte también en preparados para tratar la ciática y dolores de diafragma, dientes y oído [16]. En la cantidad adecuada, aconsejó su uso en caso de cólicos e irritación del tracto digestivo. La mayoría de las aplicaciones médicas del Silphion documentadas en la antigüedad clásica usaban la resina con moderación, a menudo la cantidad equivalente a un guisante o una haba. [17]

Theophrastus, Hippocrates and Dioscorides, the main sources about Silphion in classical antiquity
Teofrasto, Hipócrates y Dioscórides, las principales fuentes sobre el Silphion de la antigüedad clásica.
Hay otros supuestos usos terapéuticos de la planta que merecen una mención especial, aunque solo sea porque muchos artículos modernos los destacan: aplicaciones en la salud sexual y reproductiva. Una simple búsqueda en Internet devolverá varios resultados que describen al Silphion cirenaico no solo como una planta misteriosa y preciada que aparentemente se extinguió, sino también como un potente afrodisíaco y anticonceptivo en la antigua Grecia y Roma. Algunas de estas afirmaciones se han visto amplificadas en las últimas décadas y, en mi opinión, son cuestionables.
La tentadora hipótesis de que el Silphion debía gran parte de su éxito a aplicaciones sexuales y reproductivas no parece tener, si nos basamos en fuentes coetáneas, una base muy convincente. Tanto Hipócrates como Dioscórides mencionaron diferentes materiales vegetales que podían utilizarse como afrodisíacos, pero ni uno ni otro incluyó al Silphion en esta categoría. Y aunque es cierto que, entre muchas otras utilidades, Hipócrates recomendaba el uso del Silphion en un preparado para purgar el útero después de un aborto espontáneo, también sugería otras plantas para el mismo fin. Algunos artículos recientes han recurrido a la recomendación de Plinio de utilizar el Silphion para inducir la menstruación como prueba de su especial importancia como anticonceptivo en la antigüedad, pasando por alto el hecho de que Plinio también recomendaba una docena de otras plantas para el mismo propósito. Entonces, ¿de dónde parte la hipótesis?
Una fuente parece ser Sorano, médico griego especialmente conocido por sus trabajos sobre ginecología. Sorano incluye al «jugo de Cirene» en un preparado para el control de la natalidad. El problema es que describió la receta en el siglo II EC, mientras que los informes que ya declaraban extinto al Silphion de Kyrene se escribieron en el siglo I. De ser así, ese «jugo de Cirene» no era el de nuestro Silphion. Casi un milenio después, Avicena, el conocido médico y filósofo del mundo musulmán, atribuyó propiedades afrodisíacas al Silphion, pero debemos suponer que se refería a una planta distinta [18]. En cualquier caso, algunos autores modernos han intentado desarrollar la idea. El siempre interesante John M. Riddle otorgó al Silphion un papel destacado como anticonceptivo en la antigüedad clásica en uno de sus artículos [19]. Si bien su trabajo para recuperar el uso tradicional de las plantas con este fin, y para resaltar los contrastes éticos en estas cuestiones entre la antigüedad y la época moderna, fue importante y necesario, los argumentos que propuso para respaldar el caso del Silphion no son convincentes.
Sin embargo, hay una prueba interesante que, a primera vista, parece respaldar la idea de que los griegos relacionaban al Silphion con la salud sexual y reproductiva: la emblemática forma de corazón de sus frutos/semillas reproducida en monedas. Pero el hecho de que el fruto o la semilla de una planta se convirtiera en algo icónico (como lo es ahora la hoja de cannabis, por ejemplo) y que interpretemos este icono como lo hacemos hoy en día, no implica que los antiguos griegos lo interpretaran de la misma manera que nosotros [20]. Tampoco cabe deducir que nuestro símbolo moderno del corazón de San Valentín tenga su origen en ese icono. La idea de que el fruto en forma de corazón del Silphion inspiró el símbolo moderno del corazón —una idea muy agradable, a primera vista— puede deberse a nuestra perspectiva cultural y no tanto a pruebas históricas. La genealogía del símbolo no está clara.
Ha habido otras interpretaciones sobre el fruto en forma de corazón y su significado para los antiguos griegos. Algunos autores incluso han considerado las plantas y semillas que aparecen en las monedas como parte de una estrategia de marketing digna de nuestros tiempos, viendo en el contorno del Silphion un sugerente símbolo fálico, y la forma de la semilla como el «resultado de un esfuerzo consciente por imitar los testículos» [21]. Basan en parte su sugerencia en antiguos informes que afirman que ninguna planta de la familia de las Apiáceas tiene semillas con forma de corazón, pero puedo asegurar que esto es falso: he visto, en los Pirineos españoles, un tipo de hinojo con semillas claramente en forma de corazón.
Esto no quiere decir que las virtudes del Silphion como agente calorífico que favorecía la circulación y, por lo tanto, podía contribuir a la excitación sexual (al igual que el ajo o la cebolla), o su supuesta utilidad para purgar el útero y facilitar la menstruación (como otras especies vegetales), no tuvieran nada que ver con su éxito. Pero presentar al Silphion como un producto clave para la sexualidad en la antigüedad clásica es algo cogido por los pelos, y probablemente sea el resultado del sesgo de confirmación en el trabajo de algunos investigadores, o simplemente del hecho de que, efectivamente, y especialmente en nuestra cultura en tiempos recientes, el sexo vende. [22]

La desaparición

Con el tiempo, el Silphion cirenaico comenzó a escasear. Y a medida que la demanda superaba la oferta, productos sustitutos fueron ocupando progresivamente su lugar en el mercado. Plinio, en su Historia Natural (publicada alrededor del 77-79 EC), escribe:

Sin embargo, durante todos estos años, no se ha encontrado [Silphion] en Cirenaica, ya que los agricultores que arriendan las tierras allí creen que resulta más rentable pastar rebaños de ovejas en ellas. Según recuerda la generación actual, solo se pudo encontrar una sola planta, que fue enviada como curiosidad al emperador Nerón. [1]

Algunos textos recientes añaden que Nerón se la comió, algo que, que yo sepa, no nos contó nadie, pero le da a la historia aún más encanto. Hay algo memético en la imagen de un emperador decadente y cruel devorando el último vestigio de un tesoro natural. Quizá Nerón se lo podría comer para justo después coger la lira y tumbarse a ver arder Roma, si queremos que el cuento sea aún más memorable. El hecho es que Plinio no siempre era exigente con sus fuentes, así que puede que oyera esa pequeña fábula de Nerón y la última planta de Silphion en alguna parte y la adoptara como alegoría.

Lo que sabemos con seguridad es que, a partir del año 250 AEC, el Silphion de Cirene comenzó a desaparecer de las monedas, y aparentemente estaba ya extinto en el primer siglo de nuestra era.
Los cronistas antiguos ya propusieron varias explicaciones. Estrabón, historiador griego (64 AEC – 21 EC), dijo que bárbaros hostiles arrasaron los campos donde crecía el Silphion. Plinio (y múltiples autores tras él) atribuyó la desaparición a cambios en las políticas introducidos por los gobernadores romanos, motivados por el lucro, que habrían cambiado la gestión agrícola o cedido a los pastores las tierras donde prosperaba el Silphion para que las utilizaran como pasto para ovejas o cabras. Sin embargo, es difícil entender por qué razón, teniendo un producto valioso que además escaseaba, los gobernadores intentarían aumentar los ingresos de la región —y, por tanto, su salario— sustituyendo ese producto por lana y carne. Máxime si tenemos en cuenta que una especial virtud de esa carne era el sabor que adquiría, precisamente, gracias a que el ganado se alimentaba de tallos y hojas de Silphion.
Durante siglos nos hemos estado haciendo algunas de nuestras preguntas favoritas. ¿Cuál fue la causa? ¿Quién tuvo la culpa? ¿Pastores descuidados? ¿Bárbaros furiosos? ¿Recaudadores de impuestos implacables? Rara vez es tan sencillo. El crecimiento humano, que incluye tanto supervivencia como codicia (y no siempre bien diferenciadas), ha sido tradicionalmente una causa de extinciones aceleradas. Algo que sin duda entendemos mejor que Plinio, y que un estudio reciente ha investigado para brindarnos una respuesta:
Lo que sabemos hoy en día sobre el silphium, a partir de las características descritas por fuentes antiguas, revela que se trataba de una planta que solo germinaba en una franja geográfica muy estrecha en la que se daba un microclima particular. Por lo tanto, el cambio inducido por el ser humano en este microclima tuvo un impacto desmesurado en la capacidad del silphium para germinar dentro de su área de distribución nativa, a la vez que la expansión de las tierras de cultivo hacia el norte impidió que la especie migrara a entornos más adecuados. [23]
Quizás el crecimiento demográfico hizo retroceder las tierras de cultivo y erosionó el suelo, la presión del ganado sobre el Silphion aumentó, los gobernadores no comprendían las necesidades y equilibrios del ecosistema, y los bárbaros fueron solo una gota en el océano. El Silphion era frágil y no aguantó la paliza.

El nombre

De modo que el Silphion de Cirene aparentemente desapareció, pero no su nombre. Otras plantas, como la mencionada Ferula asa-foetida, lo heredaron. Y otras seguirían. Durante la Antigüedad tardía y la Edad Media europeas, nuestra percepción del orden natural no dejaba mucho espacio para que una planta simplemente desapareciera; el concepto neoplatónico de la Gran Cadena del Ser, la división de toda la vida y la materia, era considerado por los cristianos durante la Edad Media como un orden absoluto decretado por Dios. Se estableció una jerarquía clara: rocas, plantas, animales, hombres, ángeles y Dios, en este orden preciso. La creación era estable y continua, y no podían aparecer o desaparecer partes de la naturaleza, sin más. Al menos esa era la teoría, o el dogma metafísico. Por supuesto, esto invitaba a los estudiosos a buscar al «silphion» en otros lugares, y así ocurrió. No solo en Siria o Persia: plantas en lugares tan lejanos como Alemania, Italia o Francia se llamaron silphion, o su resina laserpitium.

Vera Keller, en su análisis de fuentes de la Edad Moderna [7], explica cómo la extinción total era una idea molesta, una verdad incómoda que tardó siglos en reconocerse. No fue hasta el siglo XVII cuando los estudiosos empezaron a considerar que tal vez el Silphion cirenaico no estaba esperando a ser redescubierto en algún lugar, listo para brotar de nuevo, sino que simplemente ya no estaba ahí. Algunas cosas quizá pasen tiempo en el olvido, pero es posible recrearlas. Sin embargo, el Silphion quizá ni había pasado al olvido ni estaba escondido, sino simplemente perdido, y no podíamos recuperarlo.
Ferula tingitana growing in Gibraltar. Photo by Krzysztof Ziarnek, 2024. CC 4.0
Ferula tingitana creciendo en Gibraltar. Fotografía de Krzysztof Ziarnek, 2024. CC 4.0

Desde una perspectiva botánica, ha habido múltiples intentos de identificar alguna especie moderna existente como el Silphion cirenaico. Se ha sugerido a varios miembros de la familia de las Apiáceas, pertenecientes principalmente a los géneros Ferula y Thapsia, como por ejemplo Ferula tingitana, una especie relativamente rara que todavía se puede encontrar en la región de Libia donde crecía el Silphion. Sin embargo, ninguna coincide de forma satisfactoria. Los intentos de identificar una especie actual como el Silphion de Cirene han fracasado, o al menos no han sido concluyentes.

Recientemente hemos asistido a un nuevo y notable episodio en la historia del nombre del Silphion. Mahmud Minski, del Departamento de Farmacognosia de la Universidad de Estambul, publicó un estudio experimental en el que proponía a Ferula drudeana, una especie endémica de lugares cercanos a antiguos pueblos griegos en Anatolia (la actual Turquía), como candidata a la identidad del Silphion perdido, o al menos como su pariente cercana. En sus conclusiones, sugiere que

Gracias a los antiguos contrabandistas que presumiblemente llevaron semillas de silphion a Anatolia, esta preciada especie pudo haber sobrevivido a la extinción que sufrieron sus parientes en la región de Cirenaica, en Libia, hace aproximadamente 2000 años. [24]

Los análisis y experimentos indicaron que F. drudeana es una planta gratamente aromática, rica en compuestos medicinales, que también puede utilizarse como condimento y que, obviamente, pertenece a la misma familia que el Silphion cirenaico. La historia llegó incluso a la revista National Geographic [25]. Lamentablemente, no tenemos permiso para reproducir las bonitas imágenes de la planta que incluye su artículo, pero ahí es donde parece haber una discrepancia en la identidad. La descripción botánica que dejó Teofrasto describe las hojas del Silphion como «parecidas al apio». Seguramente no soy el primero en hacer esta observación, pero las hojas de F. drudeana no se parecen mucho al apio. Tampoco sus semillas tienen la icónica forma de hoja/corazón que hemos visto. Ferula drudeana es una planta muy interesante que merece atención y esfuerzos de conservación, y sin duda también es un pariente más o menos cercano del Silphion cirenaico. Pero sea cual sea su parentesco, este «silphion redescubierto» (como lo saludaron algunas fuentes) y el Silphion de Battos no son lo mismo.

«El lenguaje puede hablar tanto de lo inexistente como de lo destruido», nos recuerda Umberto Eco en sus apostillas a «El nombre de la rosa». Quizá el Silphion sea un poco como el púrpura real, el color que vestían los reyes y los patricios romanos, y que hace dos mil años se producía costosamente a partir de las secreciones de ciertos caracoles marinos en tierras lejanas. Registrado en crónicas y tratados, recordado, buscado de forma obsesiva, incluso imitado, pero sobreviviendo solo en su nombre.
Referencias
1. Plinio, Natural History, vol.4, 19.15. John Bostock and H.T. Riley, trans., London, 1846
2. ibid., 22.49.
3. Parejko, Ken (2003). Pliny the Elder’s Silphium: First Recorded Species Extinction. Conservation Biology, Vol. 17, n.3, p925
4. Teofrasto, Enquiry into Plants, III. I. 5-II, I
5. Gemmill, Chalmers L. (1966) Silphium. Bulletin of the History of Medicine, Vol. XL, n.4, p295
6. Parejko, op. cit.
7. Keller, Vera (2014). Nero and the Last Stalk of Silphion: Collecting Extinct Nature in Early Modern Europe. Early Science and Medicine 19, 424-447
8. Teofrasto, op. cit. VI. II. 8-III, I
9. ibid., IX. I. 4-7
10. Keller, op. cit.
11. Laserpitium podría derivar de forma directa del asirio lasirbitu, o del mismo latín lac sirpitium, donde lac significa leche o jugo y sirpitium es la pronunciación latina de un nombre africano de la planta.
12. Algunos han señalado inconsistencias en Teofrasto, que también informó de que al parecer remover el suelo cada año alrededor de las plantas mejoraba su calidad. Sin embargo, esto podría estar relacionado no solo con la consistencia del suelo, sino también con la actividad de organismos simbióticos en el habitat del Silphion.
13. Asciutti, Valentina (2004). The Silphium plant: analysis of ancient sources. Durham theses, Durham University. Available at Durham E-Theses Online: http://etheses.dur.ac.uk/3166/
14. Del tipo que suscitaba bromas. Véase Aristófanes, Caballeros, 890
15. Dioscòrides, De Materia Medica, 3, 94
16. No obstante, Galeno desarrolló su trabajo en el siglo II de nuestra era. Para entonces, como veremos, el Silphion cirenaico se consideraba desaparecido, de modo que las aplicaciones que describe se referirían a otro Silphion.
17. Para ver detalles sobre las fuentes mencionadas en el párrafo anterior, y citas específicas, ver Asciutti, capítulos 2.1 y 1.b
18. Probablemente Ferula asa-foetida, acaso la sustituta más antigua del Silphion, cuya resina pestilente se ha utilizado, entre otras cosas, como afrodisíaco.
19. Riddle, John M., Worth Estes, J., Rusell, Josiah C. Ever Since Eve… Birth Control in the Ancient World. Archaeology, March-April 1994
20. Hay que recordar también que Teofrasto daba al fruto del Silphion el nombre phyllon (hoja), y no kardia (corazón).
21. Koerper, Henry & Kolls, A. L. (1999) The Silphium Motif Adorning Ancient Libyan Coinage: Marketing a Medicinal Plant. Economic Botany 53(2) pp. 133-143. New York Botanical Garden Press.
22. Para un comentario minucioso contra las sugerencias de que el Silphion tenía en la antigüedad clásica un rol destacado como afrodisíaco y anticonceptivo, ver Kiehn, Monika. Silphion Revisited. Medicinal Plant Conservation, December 207, p5-6
23. Pollaro, Paul & Robertson, Paul (2022). Reassessing the Role of Anthropogenic Climate Change in the Extinction of Silphium. Frontiers in Conservation Science, Vol. 2, 785962
24. Miski, Mahmud. (2021). Next Chapter in the Legend of Silphion: Preliminary Morphological, Chemical, Biological and Pharmacological Evaluations, Initial Conservation Studies, and Reassessment of the Regional Extinction Event. Plants 2021, 10, 102. https://doi.org/10.3390/plants10010102
25. National Geographic Magazine. This miracle plant was eaten into extinction 2000 years ago –or was it? September 23, 2022. https://www.nationalgeographic.com/premium/article/miracle-plant-eaten-extinction-2000-years-ago-silphion

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